Por Felipe Vega, fundador y director general de CECANI Latam, empresa de capacitación para Asociaciones Civiles y otras figuras no lucrativas
Una pregunta es recurrente: ¿cómo sostener una misión cuando el entorno fiscal, político y presupuestal se vuelve adverso?
La sustentabilidad es un acto de soberanía institucional. En las figuras no lucrativas esta característica se recrudece.
Ahora, la rentabilidad de una Asociación Civil no está en el dinero, sino en su modelo. Una AC no es rentable en el sentido empresarial clásico. Su “rentabilidad” real está en tres activos:
- Confianza pública.
- Legitimidad ética.
- Capacidad de movilizar recursos no monetarios.
Cuando el Estado reduce presupuestos y aumenta fiscalización, estos tres activos se vuelven más valiosos que nunca.
Pero no bastan. Una AC necesita mecanismos de ingreso diversificados, no dependientes de un solo actor.
Entonces: ¿De dónde deben buscar recursos las AC en tiempos de incertidumbre.
1. Filantropía estratégica (no asistencialista).
Las empresas ya no donan por “buena voluntad”, buscan impacto medible, reputación y alineación con sus propios objetivos ESG.
Una AC, entonces, debe traducir su misión en indicadores claros, mostrar evidencia, ofrecer proyectos “invertibles”. Esto no es perder alma: es hablar el idioma del aliado.
2. Fondos internacionales.
Cuando el entorno nacional se cierra, lo global se vuelve refugio: fundaciones europeas, organismos multilaterales, fondos temáticos (salud, género, educación, medio ambiente).
Las AC mexicanas suelen subutilizar esta vía por miedo a la burocracia.
3. Modelos híbridos: actividades económicas permitidas.
La Ley del ISR permite que una AC realice actividades empresariales siempre que estén vinculadas a su objeto social, no distribuyan utilidades y reinviertan todo en la misión.
Ejemplos: venta de servicios educativos, talleres, publicaciones, consultorías, productos elaborados por beneficiarios.
Esto es clave: una AC puede generar ingresos propios sin perder su carácter no lucrativo.
4. Comunidades de microdonantes.
El futuro de la filantropía no está en los grandes donantes, sino en aportaciones pequeñas, recurrentes, emocionalmente significativas.
Una AC que construye comunidad tiene más estabilidad que una que depende de un solo benefactor.
Y una consideración final: la gente dona a historias, no a estructuras.















