Documentos en poder de Voz Ciudadana revelan que el jefe de oficina de la SEDATU concentra decisiones estratégicas que legalmente no le corresponden, en un presunto desvío de atribuciones que beneficia a empresas vinculadas a su círculo cercano.
Alonso Cacho Silva, jefe de oficina de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, se ha convertido en una figura incómoda pero intocable dentro de la dependencia. Denuncias formales presentadas ante la Secretaría Anticorrupción y Buen gobierno señalan un patrón de conducta que incluye presuntos actos de corrupción, abuso de autoridad y tráfico de influencias.
El entramado, según los testimonios recabados, tendría como pieza clave a tres empresas: Tridstar SA de CV, Hemty Servicios Nacionales SA de CV e Imago Centro de Inteligencia de Negocios SA de CV, que habrían obtenido contratos en condiciones que, de confirmarse los señalamientos, violarían la Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos.
La pregunta que surge es inevitable: ¿Cómo es posible que un jefe de oficina, un cargo de apoyo administrativo, haya acumulado tal nivel de poder al grado de intervenir en todas las áreas sustantivas de la SEDATU? ¿Quién lo protege y por qué?
La sociedad civil organizada exige a la secretaria Edna Elena Vega Rangel que informe si está al tanto de estas denuncias y qué acciones ha tomado para garantizar que la legalidad prevalezca sobre cualquier interés personal. El silencio de la titular resulta, cuando menos, preocupante.
Voz Ciudadana
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