Aurora Vargas
El ska mexicano cambió de escenario, dejó atrás los reflectores de las grandes disqueras y ya no ocupa el mismo espacio que conquistó a finales de los años 90, pero no desapareció. Sigue sonando, sigue convocando y, para Inspector, goza de muy buena salud.
La banda regiomontana, una de las protagonistas de aquella generación que llevó el ska a las listas de popularidad y a los grandes festivales, defiende la vigencia de un movimiento que encontró en México una de sus comunidades más sólidas.
Panteón Rococó, Los Estrambóticos, La Tremenda Korte e Inspector fueron parte de una escena que convirtió al género en una bandera generacional. Aquella explosión comercial quedó atrás, pero sus canciones permanecieron y con ellas también una audiencia que ha pasado el gusto por el ska de una generación a otra.
Para Big Javi, vocalista de Inspector, hablar del género es hablar de su propia historia.
“El ska se ha convertido prácticamente en una forma de vida para nosotros porque nos ha dado, si no todo, gran parte de lo que somos. Imagínate el lugar que tiene en nuestras vidas”.
Tres décadas después, la realidad es distinta. El ska dejó de contar con el mismo respaldo de las compañías discográficas que tuvo durante su época de mayor expansión y buena parte de la escena actual se mueve dentro del circuito independiente.
Pero lejos de representar una derrota, para Inspector esa transformación demuestra que el género encontró otras maneras de permanecer.
Chuy Arriaga, saxofonista de la agrupación, recordó que Inspector vivió directamente aquel momento en que el ska consiguió una proyección masiva de la mano de una compañía transnacional.
“Inspector viene de un boom del ska, donde estábamos en compañías transnacionales como Universal, y la proyección fue gigantesca”, explicó.
Hoy, agregó, existe una red de agrupaciones que continúa desarrollándose en distintas partes del país. Hay nuevos proyectos, espacios independientes y una comunidad que mantiene en movimiento al género.
Y México sigue ocupando un lugar central.
La existencia de festivales especializados y la presencia de agrupaciones internacionales que buscan tocar en territorio mexicano son, para Inspector, una señal de que el ska no sólo conserva seguidores: también está consiguiendo relevo generacional.
“Es el país donde se realizan los festivales más grandes, con puros grupos que tienen que ver con este género; además, todas las bandas del mundo quieren pisar México”, señaló la banda.
La paradoja es evidente: el ska quizá ya no vive el boom de hace tres décadas, pero tampoco necesita repetir aquella fórmula para mantenerse vigente. Ahora se sostiene desde los escenarios independientes, los festivales y un público que reconoce las canciones como parte de su propia memoria.
En medio de esa historia, Inspector llega a 2026 con una razón adicional para celebrar: 30 años de trayectoria.
La agrupación llevará este aniversario al Pepsi Center WTC de la Ciudad de México el próximo 12 de septiembre, en un concierto que funcionará también como recordatorio de una escena que se transformó sin desaparecer.
Porque si algo ha demostrado el ska mexicano es que puede cambiar de época, de escenario y de industria, pero mientras haya una banda tocando y un público dispuesto a bailar, la fiesta todavía no termina.













